
Encima de la estrecha calle se extendía un cielo infinito en cual nadaban las estrellas, bailando con la luna, ajenas a la crueldad de la historia que más abajo, en la Tierra, en ese mismo callejón, iba a ocurrir. Subía la calle ligeramente inclinada una mujer, debía alcanzar ya la treintena, vestía unos zapatos fucsia, una minifalda rosa y unas medias azul celeste; su camisa era sin mangas y de color verde; lucía un pelo corto y rizado....