
Llega el verano y entre el cielo y la tierra el sol alcanza hasta el más mínimo resquicio de humanidad. Nadie puede permanecer oculto, excepto yo. Me escondo del calor, del fuego agobiante, del ambiente que arde estando yo tan gélido como una estrella apagada. Me quema los oídos, me calienta la cabeza, derrite mi piel y por poco mi respiración es vapor. Y pese a todo eso, el incendio que me consume es el que está en mi interior; desde...