27 junio 2014

El paradigma de la mediocridad


No pretendo hacer literatura con esto. De hecho, ni siquiera cuando me lo propongo puedo hacer arte, así que ni mucho menos va a salir algo interesante de aquí, porque esto va a ser un espejo de mi alma y dudo que de mi alma pueda salir algo más que vacío. No sé ni por dónde empezar porque me pongo introspectivo y solo veo en mi interior escombros derrotados en más de mil batallas; unas más importantes, otras completamente fútiles, pero derrotas al fin y al cabo.
Podría empezar por mi mente. Incapaz de ponerse objetivos y, por tanto, incapaz de lograr nada. Masa gris indeleble y patética. No llevo ni las cuentas de las veces que he intentado cualquier cosa en mi existencia y nada ha terminado siendo satisfactorio para mí, y por lo tanto, mucho menos para el mundo. Y lo peor de mi mente es que analizo el mundo y veo belleza en él. Miro por la ventana, veo un azul claro infinito abrazando a una radiante estrella gigante y a los pájaros que con alegría surcan el reflejo del mar y aun así me siento indiferente. Casi que prefiero bajar la persiana y fundirme con la oscuridad de mi habitación, porque de la misma manera que cuando los niños juegan al fútbol en un parque el cielo refleja diversión, cuando yo miro al cielo solo se acentúa la sensación de derrota.
Mediocridad, mediocridad, mediocridad. Posiblemente sea la palabra que más veces he dicho en mi vida. ¿Derrotismo? No lo creo, simplemente lo tengo presente. Si algún día lo olvidase me lo tatuaría en la frente, pero no creo que nunca sea necesario porque cada paso que doy algo se encarga de recordármelo. Y cada vez que lo recuerdo me arde algo por dentro, desde la garganta hasta el estómago; no puedo ni recordar cuando empecé a sentir esta sensación, pero lo cierto es que no sé si podría vivir sin ella.
Me hundo la mayoría de los días y la gente cuando me mira ve reflejada en mis ojos la inutilidad y la muerte. Y soy incapaz de tener una relación que aporte algo a alguien a parte de desidia o compasión. O ambas a partes iguales, dependiendo del momento. La verdad que lo comprendo. Si alguien ha leído hasta aquí con la ilusa esperanza de encontrar algo de interés está viendo lo cansino que soy. Me quejo y me quejo y así vivo, amargando a los demás. ¿Cómo voy a ser capaz de aportar algo a los que me rodean si tal es mi amargura que mis venas en vez de sangre llevan ácido? Ni idea. Y cuando veo a gente leyendo libros de autoayuda resuenan carcajadas en mi cabeza, pero realmente admiro que hagan algo por dejar de ser parias e intenten salir del fango en el que yo llevo revolcándome durante años. Aun así digo que me dan pena. Así de mediocre soy.
El mundo va y viene y yo me limito a observar como todo me supera. Y no hago nada por cambiarlo. ¿Quién lo entiende? Nadie, porque ni siquiera lo entiendo yo. El legado que deje al mundo será un par de órganos aprovechables; al menos confío en que sirvan para dar vida a alguien, porque a mí no me sirvieron para tal propósito. En fin, esto es el esquema de mi alma; esto es el paradigma de la mediocridad.
Reacciones:

3 comentarios:

  1. Sinceramente, yo no creo que te estés quejando porque la misma angustia que tú sientes también la vivo yo últimamente. Y digo angustia y no queja porque verdaderamente sé que puedo librarme de esa "amargura", pero algo me lo impide: yo misma.
    Mi problema es que ni siquiera sé si mis órganos serán de utilidad, pues ya tendrán bastante investigando (si algún día se descubre cómo) mi cerebro lleno de auto-fustigamientos mentales y complejos que deberían estar superados.
    Y con esto termino mi comentario demente (?). Sigue así, que hace mucho que no me pasaba por aquí.

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  2. La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.

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  3. De total acuerdo contigo, Obat Infeksi Amandel Untuk Anak dan Dewasa Herbal.
    Gracias por venir y comentar.

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