24 mayo 2014

Juego de espejos


La sangre delata mis pasos hacia un punto limítrofe entre mi cordura y mi muerte, donde habitan mis demonios, pero el único sitio en el que me puedo esconder de ti. Y persigues el rastro de mi sangre, disfrutando de como huele cada gota que cae al suelo, gozando del sonido de un rubí líquido que se estalla contra el empedrado, haciendo las delicias de los dioses expectantes. Quieren final y lo van a tener, de un modo u otro, de eso estoy seguro. Algo acabará aquí hoy.
Y corro todo lo que puedo, pero me parece que no voy a huir de ti tan solo con velocidad, me falta algo más, pero no sé el qué. Y te acercas y te escucho venir, oigo tus pasos chapoteando entre los charcos de sangre y me pongo nervioso. No puedo pensar como huir, tan solo me queda fuerza para correr. Y acelero tanto como puedo, pese a que cada zancada que doy provoca que el cuchillo que me clavaste se inserte un poco más, rozando mis nervios y haciendo que me duela hasta respirar, causando que esté jodido hasta por mover los brazos.
No pasa nada, no pasa nada. Al menos el cuchillo moviéndose entre mi cuello y mi espalda me recuerda que estoy vivo. ¿O me susurra al oído que moriré en breves? Bah, qué más da. No moriré, no me alcanzarás. No acariciará tu mano fría de putrefacción y muerte mi hombro. No besarán tus labios azules mi nuca ensangrentada aunque me prometas el todo, porque yo prefiero la nada. Y no dejaré que tu ronca voz perfore mis oídos y rebote en mi mente. Seguiré corriendo.
Seguiré, al menos mientras quede sangre dentro de mi cuerpo. La carrera provoca que el cuchillo se mueva cada vez más y la herida ya tiene el tamaño de un puño. La sangre sale a borbollones como sale el agua pura de un manantial. Pero esto no es agua; no crecerán árboles de mi sangre, pero sí crecerán matrices de desesperación, desidia y dolor regadas por mi sórdida existencia; no se hidratarán niños y mayores de mi líquido, pero sí servirá de gozo para los paladares más exigentes, será delicia de dioses, será tortura de humanos.
¿El camino se espesa o es que me tropiezo con los pocos árboles que hay en este bosque? Me miran con cara de asco. Lo entiendo, lo entiendo, no hace falta que me digáis nada, que ya sé que soy un despojo. Y por ese mismo motivo huyo, por esa misma razón me persigue él.
El aire empieza a decirme que no quiere entrar en mis pulmones. Nunca fui demasiado hospitalario, pero tampoco pensaba que el oxígeno pudiese negarse a suministrarme aliento. Estoy hasta los cojones de correr. Pero ya no te oigo, ¿te habré dejado atrás? Giro la cabeza paulatinamente mientras mis vertebras recrujen y me dicen que algo en mi cuello no va muy bien; todo mi cuerpo se recoloca entre chirridos y huesos que se luxan para poder mirar atrás, para poder ver si te he perdido de vista. Cuando finalmente consigo mirar hacia atrás para cerciorarme de que ya no estás, mi frente choca contra tu frente fría y pálida. Y veo el abismo en tus ojos azules e infinitos, veo desolación perdida entre millones de dunas de hielo y sangre. Veo millones de niños muriendo de frío en las inhóspitas colinas que se esconden en tus ojos; te encargaste de llevártelos y ahora me quieres a mí. Veo tu boca entreabierta, con una sonrisa congelada que anuncia tu victoria y exhala esquirlas de hielo; tu aliento huele a ártico, a ártico y a descomposición. Y veo que tus pómulos aguardan el purgatorio más grande jamás contemplado y entre el silencio de nuestros rostros enfrentados oigo como mil almas que gritan torturadas dentro de esas esferas blanquecinas.  Veo tu barbilla, puntiaguda y despiadada, como lo guadaña que llevas en tu mano y como los cuchillos que rodean tu cintura. ¿Te falta uno? Oh, sí, está en mi cuello, tómalo cuando me lleves, no me importa. Veo, veo, veo muchas cosas, ninguna descriptible con palabras de este mundo. Y un segundo después, la hoja de la guadaña ya me ha cortado la cabeza, pero sigo sintiendo el dolor, no me alivia, qué fastidio. Veo, aún con mi cabeza rodando por el suelo, como absorbes mi alma y como dejas sin vida mi cuerpo mientras mi vista se torna borrosa y todo desaparece.
Ya no veo nada, solo recorren mis pensamientos recuerdos de esa noche. Durante un segundo creí que de verdad podía huir, pero los dioses no habían preparado esa cacería para que escapase, no. Por supuesto que no. Fui un iluso, cómo iba a escapar de mí mismo, como iba a librarme de mi reflejo, si realmente todo era un juego de espejos de hielo.
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