17 mayo 2014

Barro

Miro al cielo una noche,

llueven estrellas de barro,

esquirlas revientan mis pasos;

apocalipsis espacial.


Y me veo ahí,

desdibujado entre sombras

y estrellas podridas,

con la cara sucia de fango.


La suciedad hiela la piel,

me para el aliento,

llueve y se corre

y yo también.


Perdón –fui a gemir-

tu frialdad me ha hecho arder.

No acepto disculpas –dijo-

de a quien muere a mis manos.


Y ahí entendí, mi soledad,

sucio por fuera y corazón

congelado.

Y apagado.


Amaneció y se fueron

las estrellas de barro.

Permanecí llorando

arrodillado ante el sol.


El sol creó costra

caliente de mugre.

Me quedó suciedad

y una quemadura en la cara.


Fue bueno el cambio:

me dejaron las ganas

y solo se llevaron mi corazón,

las estrellas de barro.
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