30 agosto 2011

La muerte del Guardián

Entre en mi casa tras salir a charlar con los amigos. Eran las tres de la madrugada. A los pocos pasos de entrar oí unos ruidos en la planta alta de mi casa. No me caracterizo por ser un hombre valiente, todo lo contrario, más bien se podría decir que soy un cobarde; no me avergüenzo de esto. Saqué mi móvil para llamar a alguien, pero no tenía batería; la había gastado toda enviando mensajes a una tía, maldita puta, chuparle el culo me podía costar caro. Me acerqué a la sala de estar, sin hacer ruido, con la intención de llegar al teléfono fijo. Llegué tras unos segundos mientras tanteaba mi entorno con las manos debido a la mala adaptación de mis ojos a la oscuridad y el hecho de no poder encender la luz para no delatar mi presencia. Cogí el teléfono para llamar cuando algo me hizo colgar. Ahí, encima de mi gran escritorio de madera tono arena de playa, estaba mi libro. El libro. El guardián entre el centeno. Estaba roto; jodidamente roto. Me enfurecí muchísimo, algo ardía en mi interior.
-¡Valiente hijo de puta! -grité con todas mis fuerzas-. Vas a morir como un maldito cerdo.
Rápidamente cogí mi navaja toledana y subí los escalones de tres en tres. Cuando llegué arriba abrí todas las luces para poder ver a ese cabrón. Lo encontré en el baño, buscando joyas en los cajones. Yo diría que pensaba que me estaba tirando un farol al gritar y solo quería asustarlo. Craso error, mediocre gilipollas. Ni me lo pensé y en cinco segundos ya lo había apuñalado. Ahora estaba en el suelo, agonizando; podría haberlo rematado, pero tuve una idea mejor. Me senté sobre la taza del váter y empecé a leerle el libro desde el principio hasta el final, como buenamente pude ya que las páginas estaban partidas, para que se diera cuenta del grave error que había cometido. Unas horas después terminé de leérselo.
-Y por esto vas a morir -dije-. Lo siento, criatura.

Algunos pensarán lo estúpido de mi reacción, pues hay muchos más libros de la misma editorial y fácilmente conseguibles. Pero no es así. Éste es uno de esos libros que cuando lo lees se convierte en único, tuyo, solo tuyo, y no se puede reemplazar.



Quiero pedir disculpas a toda la gente que ha entrado a este blog y no ha encontrado nada nuevo, no tengo excusa, pero la pereza es un enemigo muy duro en vacaciones.
Reacciones:

5 comentarios:

  1. El guardián entre el centeno. Yo también habría apuñalado a alguien.

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  2. Wow....intenso, de esas sensaciones que sin duda te hacen apuñalar a alguien, definitivamente sin pensarlo.

    Buenísimo, me encanta, besos

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  3. ciertos libros son muy íntimos tesoros, extensiones de uno que uno hizo suyos al leerlos
    saludos blogueros

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  4. a mi me gusta esa lectura que me atrapa hasta sentirme la protagonista.

    Un beso!

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  5. Interesante el libro. Me lo apunto :) Y por cierto, gracias por tenerme en el espacio de blogs favoritos ^^

    Besos desde otra galaxia.
    La chica del infinito.

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