14 diciembre 2010

Tiempo de magia

Y el mundo se vuelve oro.

El cielo derrocha incontable felicidad,
las calles sonríen felizmente iluminadas,
lo que antes era un acto más,
de repente se transforma en el mayor acto de bondad.

La gente se acuerda de que no está sola,
las caras de los niños brillan como estrellas,
el mundo coge sus manos y olvidan por el momento
todo lo que amarga la existencia y la convierte en tormento.

Ahora cada segundo que llueve es alegría,
cada segundo es un acto admirable,
cada segundo es una estrella que brilla
en los ojos de un niño que emocionado se maravilla.

Y el mundo se vuelve oro, por Navidad.

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