
Entre en mi casa tras salir a charlar con los amigos. Eran las tres de la madrugada. A los pocos pasos de entrar oí unos ruidos en la planta alta de mi casa. No me caracterizo por ser un hombre valiente, todo lo contrario, más bien se podría decir que soy un cobarde; no me avergüenzo de esto. Saqué mi móvil para llamar a alguien, pero no tenía batería; la había gastado toda enviando mensajes a una tía, maldita puta, chuparle el culo me podía costar...