30 junio 2011

Sin tiempo vivo, con tiempo muero

¿Que es el tiempo? Para la mayoría de la gente es cada instante que transcurre de la vida, cada momento vivido y cada momento que queda atrás; para muchos el tiempo es organización, una forma de medir algo infinito como es la vida, un instrumento de desarrollo de la civilización. Para unos el tiempo es libertad, disfrute, gozo y pasión; para otros el tiempo es tristeza, tortura, desolación. Para mí el tiempo es un juego y vosotros, queridos lectores, sois las piezas de mi juguete.
A las ocho de la mañana las agujas del reloj no se mueven, las nubes parecen estar fijas en el cielo, las plantas no crecen y los animales no se mueven. Un hombre permanece inmóvil entre el almacén y su camioneta con un saco a la espalda, una mujer prepara el desayuno para su novia pero la acción es eterna, ya que no se mueve. Por la calle camino tranquilo y con determinación escojo mi camino. Nada se mueve, solo yo. Todo el mundo es  lo que yo quiera y nadie se entera. Quizás os estáis asustando pensando en lo que os puedo hacer, no os preocupéis. Como cada mañana corrí hacia mi destino, no tenía aprisa, no avanzaba el tiempo, pero yo corría igual, la  quería ver cuando más pronto posible. Así es, amigos, mi deseo no es causaros el más mínimo daño, tan solo quiero llegar a las puertas de su casa y verla quieta, esperando a su amiga. Me llamaréis loco pero que perfección alcanza lo inmóvil. Y todos los días a las ocho de la mañana lo mismo, ver su fina tez, blanca piel, su pelo moreno y brillante, sus labios perfectos y finos y su cuerpo, que cuerpo, reencarnación mejorada de la propia Venus. Y todas las mañanas horas y horas que no pasan observando, yo no envejezco ya que el tiempo tampoco pasa para mí. En ocasiones he perdido la cuenta de lo que sería el tiempo real, pero he llegado a meses. A veces incluso me atrevo a hablarle, pero nunca me he atrevido a tocarla. Y cuando me canso vuelvo a casa, cierro los ojos y chasco los dedos. Todo vuelve a la normalidad a la vez que mis lágrimas inician una carrera por mis mejillas.
El hombre continuará cargando sus sacos a la camioneta, la mujer preparará el desayuno a su novia y yo volveré a ser invisible, a pasar por su lado y llorar hacia dentro, a adorarla en silencio mientras pasa el tiempo, a esperar a las ocho para poder volver a ser feliz.
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