13 octubre 2010

Reflexiones de un hombre con sombrero

La calle es oscura, la noche cerrada y entre la oscuridad avanza un hombre caminando siempre al mismo ritmo. Sus pasos inundan la calle desierta que parece repetir cada una de sus pisadas. Es un hombre alto con gabardina y sombrero de pelo moreno y piel dañada. Tras cruzar media calle se detiene ante un bar sucio y viejo que luce un deteriorado cartel encima de la puerta. En el cartel se puede leer con dificultad el nombre del bar: “El escondite del mundo”. Transcurridos 5 segundos ante la puerta el hombre entra con la serenidad que le caracteriza. El interior del bar no desentona con lo que muestra la fachada. Es un lugar sucio, viejo y pequeño. A la izquierda hay una mesa con dos sillas y al frente una barra en la que el camarero friega un vaso. El camarero es bajo y gordo. También muestra una calva que a la luz del único foco del bar es aún más llamativa. Se puede apreciar que la higiene no es lo que más le importa y sin extrañarse de la aparición del hombre con sombrero sigue fregando el vaso. El hombre se acerca a la barra marcando los pasos hasta llegar y sentarse en un taburete. Sin mediar palabra entre los dos el camarero toma el mismo vaso que estaba fregando y lo llena de güisqui con dos hielos. Lo sirve al hombre y sale por la puerta de atrás. Entre trago de güisqui y calada del cigarro que acaba de encender piensa en voz alta con gritos callados.
Millones de gente muere cada día y otros millones no hacen nada para remediarlo. La belleza que nos regala la tierra cada vez está más maltratada. Nadie mira ni ayuda a sus semejantes y aún menos respetan a otros seres vivos como los animales. El mal es más frecuente que el propio bien. El cielo empieza a llorar sobre este mundo de basura. Cuando esto empezó no iba a ser así, la gente evolucionaría y la ética debería ser dominante. Todos deberían hacer lo correcto y no ser unas putas ratas de cloaca. Y pensar que todo esto lo he hecho yo. Y pensar que este velero que construí va la deriva y sin nadie que lo pilote. Y pensar que la gente evolucionaría, que dejaría de matar en mi nombre y que todos podrían vivir juntos. Todo falsas esperanzas. Y pensar que gente me adoró, lo daba todo por su dios, y no fue capaz de hacer lo debido. Y pensar que toda mi creación se ha convertido en un vertedero. No puedo seguir viendo como este mundo que cree muere poco a poco. No puedo seguir llorando todos los días por ver en que se han convertido mis hijos. Es hora de terminar con esto, es hora de chascar los dedos y que todo llegue a su fin. Mejor hundir ya el velero y no dejar que se destroce poco a poco.
Y entre la tristeza y el dolor Dios apura el último trago del güisqui y da la última calada al cigarro. Se levanta de su silla y se sitúa en medio del bar vacío. Lágrimas brotan de sus ojos con mensajes de desesperación y dolor. Alza los brazos y una luz blanca recorre el mundo borrando todo lo que encuentra a su paso, haciendo desaparecer todo el dolor y la tristeza de esta creación fallida.
Reacciones:

1 comentario:

  1. Exelente relato. El mundo de hoy no es lo que nadie imagino, no pensamos en lo demás sino en cuanto quiero tener o cuanto produciré mañana. Es difícil ver tanta violencia, tanto maltrato a la naturaleza, a los animales. La verdad somos una creción fallida llendo lentamente a la destrucción absoluta. Muy buen texto para reflexionar. Abrazo


    http://loquelmundonove.blogspot.com/

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