
Que noche tan
sincera
que despierta en
mi cabeza,
sentimientos nunca
olvidados
en el fondo de mi
calavera.
Verte siempre
ofende,
mas nunca duele,
pues la Luna
ofende por lejanía
pero por belleza,
nunca, nunca dolería.
Solo mis dedos
saben expresar
lo que se esconde
en mis sensaciones,
pues ellos beben
de mi mente,
donde jamás olvidaré
cada uno de tus rincones.
Nunca sabrá la Luna
que un terrícola
clama por ella,
pues ella es
digna...